miércoles 23 de enero de 2008

Una Noche en la Cárcel

No se como soportarlo.
Por esta única razón es que me dispongo a escribir, para asi desquitarme con algo y no con alguien. Para escribir entre llantos, lamentos… y vergüenza.
El ruido de las goteras y de risas o gritos, me tienen encerrado en el rincón de mi pequeña habitación… De mi pequeña, asquerosa y triste habitación.
No me puedo acostumbrar a esto, no se como no caer derrotado y darme por muerto, o gritar como todos quienes llegan aquí… Para asi dárselas de ser asesinados.

Con un libro de páginas rotas y una pluma de tinta negra y aguada, me encuentro algo asustado y escondido. Creo que hay cámaras de seguridad, creo que me ven… O quizá nadie me ve y es por eso que temo morir por aguantarme las ganas de gritar en llanto, dolor y no encontrar jamas la misericordia de Dios.
¿Podré morir antes de que mueran otros? ¿Los minutos son tan lentos que en el próximo podría estar agonizando? ¿Moriré de hipotermia, de una calentura intensa… O de tristeza? Creo que son preguntas que aún no me logro responder.

Alguna vez oí decir que esto no es tan terrible, que en el mundo de hoy mueres y nadie se da cuenta. Te entierran, dicen algunas palabras sin sentido y eso fue lo que fuiste. Un cadáver lleno de gusanos y tierra. Una imagen triste de ver… Una imagen muerta.

Dios, haz que la luna y el sol me acompañen para así no caer derrotado en medio de la guerra de mi relato y mi historia. De la historia que me dispongo a escribir y asi recordarla solo en un papel y no en mi gastada memoria.

No he lavado mi pelo desde hace dos semanas. De hecho, ahora que lo pienso, no me he lavado desde la vez que… Que ocurrió mi suceso por el que estoy aquí. Encerrado en rejas y no tener que comer por casi seis días.
No puedo hablar en cordura sabiendo que lo que he hecho me transforma en una bestia, en una persona cínica y mentirosa.
Tal vez pueda hablar con cordura, pero necesitaría meditar y reflexionar, necesitaría silencio… Necesitaría pensar, pero no tengo en que pensar.

Son las 12:45 de esta noche lluviosa, y los ojos me pesan. Los tengo rojos y decaídos, no he podido descansar, aunque creo que es comprendible… Ni si quiera tengo un colchón. Ni si quiera tengo una vida. Sin embargo, mejor así, siempre estaré despierto con ganas de dormir… Y vivo con ganas de morir.
Yo no me siento culpable, no siento estar consiente de lo que supuestamente he hecho, pero en fin, no he tenido ninguna respuesta mas que toda mi inocencia es para mi y que todo lo mío se basa en la razón.
Extraño mi cama, mi habitación, mi familia, el aroma de mi hogar… Extraño mi vida. No se si la estoy perdiendo aquí o si ya la perdí, y si es asi, no creo encontrarla.

Mi eterno consuelo no es precisamente mi familia. No se si el llanto, no se si el lamento, pero con consuelo o no, probablemente moriré de todos modos.
Así entonces escribo mis últimos pensamientos, mis ultimas incoherencias, pero sin tener ningún objetivo de testamento. Nada mas quiero planificar mi futura muerte y asi tener mi alma tranquila.

Lo sé, amigo lector, sé que mis palabras no son las adecuadas para despedirme de mi mismo, pero no creo estar cuerdo despues de lo que me ha pasado.
No se si me culpo a mi, o a la real inocencia que quiero probar escribiendo ahora… Mi historia.